“Se debe permanecer callado, a menos que se tenga algo que decir que valga más que el silencio”[1]
El Abate Dinouart
El uso de la palabra me ha preocupado desde siempre, sin prestarle mayor atención al silencio, a la opción de callar. Al silencio lo he reducido a la simple ausencia de la palabra, al espacio vacío que espera llenarse con diálogos, al rincón de nuestro ser para la reflexión. En verdad, he banalizado el silencio. Poco he dedicado a cultivarlo. Crecí sin acariciar el silencio.